Las iglesias cristianas cierran el Santo Sepulcro en protesta contra los impuestos de Israel

En un gesto sin precedentes desde la fundación del Estado de Israel hace siete décadas, las iglesias cristianas presentes en Jerusalén han ordenado este domingo el cierre indefinido de la basílica del Santo Sepulcro. La clausura del lugar más sagrado para la cristiandad en la Ciudad Santa se produce en protesta por la política de expropiaciones de bienes religiosos anunciada por el Gobierno israelí y por la pretensión del Ayuntamiento jersolimitano de cobrar impuestos locales a las iglesias, de los que han estado exentos desde tiempo inmemorial en una media que se oficializó cuando la urbe se encontraba bajo la tutela del Imperio Otomano.

Los principales responsables de las iglesias cristianas, con el patriarca ortodoxo griego y el custodio franciscano a la cabeza, comparecieron a mediodía en la explanada de la basílica para anunciar mediante un comunicado el cierre del Santo Sepulcro “hasta que se solucione” el contencioso con las autoridades israelíes. “Los jefes de las iglesias hemos seguido con gran preocupación la campaña sistemática contra la comunidad cristiana en Tierra Santa, en una flagrante violación del statu quo existente”, rezaba el texto suscrito por la jerarquía religiosa en Jerusalén.

La policía israelí ha ordenado inmediatamente la evacuación de los peregrinos que se encontraban en el interior del templo “por razones de seguridad”. Las fuerzas de seguridad han vallado los accesos a la basílica en el barrio cristiano de la Ciudad Vieja, que forma de Jerusalén Este, ocupada y anexionada por Israel tras la guerra de los Seis Días en 1967.

Desconcierto e incredulidad era lo que sentían este domingo los peregrinos que se encontraban en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén cuando la policía israelí entró en el recinto sagrado para evacuarlo. “Entraron y dijeron que teníamos que salir porque por seguridad Israel ordenaba la salida de todos. Han sido muy rudos. Está feo que te echen así”, contaba Martín Piedra Buena, un peregrino católico argentino que llevaba dos horas junto con su familia haciendo cola dentro de la Iglesia para visitar la tumba donde, según la tradición cristiana, fueron enterrados los restos de Jesucristo.

Minutos después eran testigos de cómo los representantes de las familias musulmanas encargadas de custodiar la llave de la basílica llevaban a cabo el ritual de cierre de los grandes portones de entrada al lugar. La contundente medida de protesta respondía a la nueva política, anunciada por el alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, de empezar a cobrar impuestos por las propiedades que poseen las diferentes iglesias en la Ciudad Santa.

“La municipalidad de Jerusalén ha enviado una serie de escandalosas notificaciones, órdenes de incautación de bienes de la Iglesia y cuentas bancarias como medida punitiva por supuestas deudas de impuestos municipales”, explicaba el patriarca griego de Jerusalén, Teófilo III, poco antes de mediodía a la entrada del Santo Sepulcro. Ponía voz a un comunicado conjunto de la Custodia de Tierra Santa y los patriarcados greco-ortodoxo y armenio.

En el texto, las principales confesiones religiosas a cargo de los Santos Lugares cristianos acusan a Israel de “romper los acuerdos existentes y las obligaciones internacionales para garantizar los derechos y privilegios de las Iglesias en lo que parece un intento de minar la presencia cristiana en Jerusalén”. Las iglesias han estado exentas del pago de impuestos en Jerusalén. “Es una ruptura del statu quo. Tradicionalmente ni mezquitas, ni sinagogas ni iglesias han pagado tasas locales”, aseguraba en la puerta del Santo Sepulcro Wajid Nuseibe, musulmán encargado del cerrar y abrir el templo.

El cierre se ha producido el mismo día en el que el Gobierno israelí tenía previsto debatir un controvertido proyecto de ley por el que se permitiría al Estado expropiar las tierras cedidas o vendidas en los últimos años por las diferentes iglesias a entidades privadas. Esta iniciativa, que amenazaba con añadir más leña al fuego de los litigios por la propiedad existentes en la Ciudad Vieja, fue finalmente aplazada por la comisión legislativa del Gabinete.

Para el alcalde de Jerusalén las deudas ascienden a 650 millones de shequels (unos 155 millones de euros). “¿Tiene sentido que zonas comerciales, hoteles y otros negocios no paguen la arnona (impuesto similar al IBI) porque pertenecen a las iglesias?”, escribía en su cuenta de Twitter Nir Barkat. Los representantes de las principales confesiones religiosas se defienden de esas acusaciones asegurando que hay que respetar el statu quo y que gracias a eso, reciben dinero para mantener sus colegios y obras que benefician a los más desfavorecidos de Tierra Santa. “Nos han bloqueado varias cuentas bancarias, a nosotros y al patriarcado ortodoxo griego. Quieren asfixiar a las iglesias porque somos los encargados de mantener la presencia cristiana en Jerusalén”, aseguran desde el anonimato fuentes próximas a la Custodia de Tierra Santa.

Los religiosos aseguran que el Santo Sepulcro permanecerá cerrado hasta que Israel cese en su empeño de cobrar impuestos y expropiar sus propiedades. Eugenia, Avelina, Lola y Pura, cuatro amigas madrileñas que este lunes regresarán a España, no salían de su asombro. “Veníamos por última vez a misa. Menos mal que ya entramos la semana pasada”, contaba Eugenia. Otros menos afortunados tras hacer el largo viaje hasta Jerusalén, como Piedra Buena y su familia, rezarán para que todo se arregle antes de quince días, cuando tienen previsto regresar a Argentina.

LA ETERNA PUGNA POR LA PROPIEDAD DE LA TIERRA
Las propiedades de las diferentes Iglesias de Tierras Santa siempre han estado en el ojo del huracán. Especialmente las del Patriarcado Greco-Ortodoxo, protagonista en las últimas décadas de varias polémicas ventas que incluso llevaron a la destitución del anterior patriarca de Jerusalén, Irineo, al que la comunidad local acusó de participar activamente en la judaización de Jerusalén Este.

Los greco-ortodoxos son los mayores de propietarios de tierras en la ciudad. Algunas, como el lugar donde se erige la Knesset, el Parlamento israelí, fueron alquiladas por el patriarcado, a principios de los años cincuenta, al recién nacido Estado israelí por 99 años, prorrogables por otros tantos. Otras, como algunas zonas residenciales del oeste de la ciudad, fueron cedidas al Fondo Nacional Judío, que las edificó. Algunos de los propietarios de esos inmuebles, la mayoría judíos israelíes, manifestaron recientemente su estupor porque desconocían que la propiedad del suelo pertenecía a la Iglesia Greco- Ortodoxa.

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